A veces nos aferramos a una puerta que se cerró hace mucho. Lo hacemos y lo hacemos a pesar de que sabemos que nuestra fe y nuestra espera no servirán de nada, pero somos humanos y vivimos en la esperanza, por pequeña que ésta sea. En nuestro ensimismamiento no nos fijamos que, a nuestro lado, se encuentra otra puerta, entreabierta, a la espera de que nos percatemos de su presencia. Cuando vemos esa promesa de un futuro incierto, avanzamos con cautela, ya que tememos volver a sufrir la decepción de una puerta cerrada súbitamente en nuestras narices.
...Avanza, encara el futuro, no te encadenes a vivir en pasado...
Esta entrada está dedicada a todas las personas que me leen, va por vosotras, que me habéis abierto una nueva puerta, una manera completamente distinta de compartir experiencias, conocimientos, emociones y apoyo que no sabía que existía.